«La casa es mía de soltero, no pueden quitármela.»
No se la quitan: sigue siendo suya. Lo que pueden atribuir es el uso, y con hijos menores es perfectamente posible. Ahora bien, que sea privativa pesa, y mucho, a la hora de fijar el plazo y las condiciones. La diferencia entre un uso indefinido y uno acotado a cinco años es enorme, y se negocia.

