«Si le propongo esto va a pensar que no confío en él.»
Es la objeción real y merece una respuesta seria. Unas capitulaciones no predicen un divorcio igual que un testamento no predice una muerte: ordenan algo que de todos modos va a estar ordenado, por ustedes o por el Código Civil. Y la conversación en sí —qué es de quién, cómo repartimos gastos, qué pasa si uno deja de trabajar— es de las más sanas que puede tener una pareja antes de casarse. Mucha gente descubre en esa charla que daban por supuestas cosas distintas.

