hacer testamento
Si está pensando a quién nombrar albacea, la decisión y su redacción se toman aquí, mientras todavía se puede elegir.
Dos figuras que se confunden constantemente y que no hacen lo mismo. El albacea vela por que se cumpla la voluntad del testador; el contador-partidor reparte. A veces coinciden en la misma persona, a veces no, y de esa diferencia dependen las facultades que realmente tiene quien está al mando de una herencia.
Antes de discutir plazos y responsabilidades conviene saber de qué cargo estamos hablando, porque las facultades no se presumen: son las que el testador dio y ni una más.
Su misión es que se cumpla lo que el testador dispuso. Según cómo esté redactado el nombramiento, eso puede abarcar desde encargarse del sepelio y pagar los legados hasta administrar el caudal completo mientras dura el encargo. Sus facultades son las que el testamento le atribuya; cuando el testamento calla, la ley marca un contenido mínimo que suele quedarse corto para lo que la familia espera de él.
Su función es distinta y muy concreta: inventariar, valorar, formar los lotes y adjudicarlos. El resultado de su trabajo es el cuaderno particional. Lo relevante, y lo que casi nadie sabe, es que puede hacerlo sin necesidad del consentimiento unánime de los herederos. Ahí está su verdadera utilidad: desbloquea herencias que de otro modo se eternizarían esperando una firma que no llega.
Cuando el testador concentra en una sola persona amplias facultades de administrar, pagar y también partir, se habla de albacea universal. Es la figura más potente y también la que más conflictos genera, porque coloca a alguien —a menudo un familiar— en una posición de poder enorme frente al resto. Cuando ese nombramiento recae en un profesional externo la temperatura del asunto suele bajar bastante.
Es la salida cuando el testador no nombró a nadie o el nombrado no puede actuar, y los herederos no se ponen de acuerdo en repartir. Reuniendo una determinada mayoría de interesados se puede solicitar el nombramiento de un contador-partidor ante notario o secretario judicial. Es la alternativa razonable a la división judicial de la herencia: más rápida, bastante más barata y mucho menos destructiva para la familia.
Nadie está obligado a aceptar. Ahora bien, una vez aceptado, abandonarlo sin causa justificada puede tener consecuencias, y el albacea responde de su gestión frente a los herederos. Por eso la conversación importante no es la de después, sino la de antes: saber exactamente qué se firma cuando se dice que sí.
Aceptar un albaceazgo sin leer el testamento entero es, con diferencia, el error más caro que se comete en esta materia.
Las duraciones que aparecen a continuación son referencias generales que admiten muchas excepciones según lo que diga el testamento. Conviene contrastarlas con el documento concreto antes de tomar decisiones.
Plazos orientativos. Las duraciones y los importes de este apartado son una estimación basada en expedientes similares, no un compromiso. Dependen de las circunstancias de cada caso y de los tiempos de notarías, administraciones y juzgados, que no controlamos.
Nombrar contador-partidor a un abogado externo no es un lujo: es la manera de que el reparto lo firme alguien que no se sienta en la mesa de Navidad. Nosotros llevamos haciéndolo el tiempo suficiente como para saber dónde salta cada herencia.
Un aviso que damos siempre: el albacea que administra sin llevar cuentas acaba respondiendo de lo que no puede justificar, aunque no se haya quedado con un euro. La mayoría de los problemas que vemos no nacen de la mala fe, sino del desorden.
Las dos situaciones tienen salida y ninguna de las dos se resuelve sola. Cuéntenos en qué posición está y le diremos qué margen real tiene. Primera consulta sin coste.
Ninguno de estos errores lo comete alguien de mala fe. Los comete quien aceptó el cargo pensando que era firmar cuatro papeles.
Se descubre a los tres meses que el nombramiento incluía administrar un negocio o pagar legados cuantiosos, y entonces salir ya no es gratis.
Es el error más frecuente y el más difícil de defender después. Sin una cuenta separada, cualquier discrepancia en las cuentas se interpreta en contra del albacea.
La operación queda en el aire y el albacea puede acabar respondiendo frente a los herederos con su propio patrimonio por el perjuicio causado.
El cargo decae, lo hecho después queda en una posición muy incómoda y la herencia vuelve al punto de partida, ahora con un año perdido.
La familia se fía hasta que alguien no está de acuerdo con el reparto. Ese día, lo único que protege al albacea son los justificantes que no guardó.
Sí. El cargo es voluntario y nadie puede imponérselo. Puede renunciar, y lo razonable es decidirlo con el testamento delante. Lo que ya no es libre es abandonarlo sin causa una vez aceptado y empezado a ejercer.
Es una situación muy común y perfectamente válida. Exige más disciplina, eso sí: cada decisión que le beneficie como heredero debe poder justificarse por sí sola. Documentar las decisiones deja de ser recomendable y pasa a ser imprescindible.
Primero un requerimiento formal que fije por escrito la inactividad, porque eso después vale como prueba. Si no reacciona, cabe pedir judicialmente su remoción. Y conviene comprobar si el plazo del cargo ya ha vencido, porque en ese caso el problema puede haberse resuelto solo.
Esa es precisamente su razón de ser. Un contador-partidor con facultades forma los lotes y adjudica sin necesitar unanimidad. Su trabajo es impugnable si el reparto no respeta la ley o las valoraciones son manifiestamente incorrectas, pero no por el mero hecho de que a alguien no le guste su lote.
Nada, salvo que el testador hubiera previsto retribución. Cuando la prevé, suele hacerlo como un porcentaje del caudal o remitiéndose a los honorarios del profesional designado. Los gastos justificados de la gestión son otra cosa y sí se reintegran.
No, y suele ser la peor. Antes está el contador-partidor dativo: reuniendo la mayoría de interesados que exige la ley se puede pedir su nombramiento ante notario. Es más rápido, más barato y bastante menos lesivo para la familia que una división judicial.
Términos que aparecen en cualquier testamento con albacea y que conviene manejar antes de sentarse a decidir.
El albaceazgo es una pieza dentro de un recorrido más largo. Estas son las piezas que lo rodean:
Si está pensando a quién nombrar albacea, la decisión y su redacción se toman aquí, mientras todavía se puede elegir.
El reparto propiamente dicho, con o sin contador-partidor, y las opciones cuando no hay acuerdo.
La vía que queda cuando ni el albacea ni el contador-partidor consiguen cerrar el reparto.
La entrega de los legados suele corresponder al albacea. Si no la hace, el legatario tiene una acción propia.
Para situarlo en el conjunto, puede volver a la página general de abogado de herencias en Madrid, con el proceso y los plazos.
Raúl Rodríguez Jiménez
Abogado — Herencias, Testamentos y Divorcios
Media hora con el testamento delante ahorra un año de líos
Tanto si le han nombrado como si sufre a quien lo fue, lo primero es leer despacio qué facultades hay sobre la mesa. Traiga la copia del testamento y salga sabiendo qué puede hacer, qué no y qué le van a poder reclamar.
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