«Llevamos tres años sin repartir y ya ni nos felicitamos el cumpleaños.»
El tiempo no arregla estas situaciones: las endurece. Cada mes que pasa, las posiciones se cierran un poco más y el coste emocional de ceder aumenta. Intervenir pronto, aunque sea sólo para ordenar la conversación, es lo que más veces desatasca.

